Jean-Jaques Rousseau consideraba que la humanidad había vivido en mayor armonía cuando la civilización aún no había corrompido su naturaleza, amistosa y amable en un principio. Otro Rousseau, Henri, del siglo siguiente, plasmó en sus pinturas aquella noción de su homólogo ilustrado, con trazos que recuerdan la inocencia que Jean-Jaques afirmaba que caracterizaba al niño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario